El Pensar en Dios-tercera parte-Maurice Roberts

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Esto debe ser entendido de lo que ha sido dicho, el grado de paz mental del cristiano depende de su habilidad espiritual para interponer el pensamiento de Dios entre sí mismo y su ansiedad. Cuando la nube oscura del problema aparece primero en el horizonte de nuestro pensamiento, entonces es el tiempo para aplicar nuestra teología con total intensidad. Porque no son las circunstancias externas las que pueden empujarnos hacia abajo, sino nuestra propia reacción de desesperanza ante ellas, cuando fallamos en percibir la mano oculta de Dios en todos los eventos de nuestra vida.

No hay situación en la vida demasiada difícil para Dios. Pero muchas situaciones parecen demasiado difíciles a primera vista. Estas son ordenadas para darnos oportunidad de esperar en Dios por su liberación. Hay una bendición adherida al esperar con paciencia en Dios en los días malos. La impaciencia nos urge a resignarnos y escapar cuando los tiempos que nos están molestando son indignos de los hijos de Dios. Hay un mejor camino. Vamos a recordar a Dios y tomar valor renovado. Los que creen no se apresurarán y, por el contrario, no serán avergonzados aquellos que esperan en Dios [Isaías 28:16; 49:23].

Es instintivo para el cristiano en cada tiempo de temor o problema volver su pensamiento a Dios. Para la mente no espiritual esto escapismo contemplativo, o el ´mero opio del pueblo´. Pero en realidad esta es una actividad de fe y adoración y de gran agrado para Dios. Ciertamente, si Dios fuera solamente una ficción mental, no habría nada más para encomiar a la práctica de la meditación devota sobre su excelencia y gloria aparte del optimismo piadoso, el pensamiento imaginario agradable, lo cual beneficiaría la mente de la misma manera como mucho del ´pensamiento positivo´ lo ha expresado y nada más. Sin embargo, ya que Dios existe en realidad y no es una medicina espiritual inventada por nuestros temores, lo que debemos entender es que el secreto de la vida consiste principalmente en ocupar en Él nuestros pensamientos tanto como sea posible y en especial en tiempos de temor y necesidad.
Extracto tomado de: Maurice Roberts. The Thought of God. Banner of Truth. Capítulo 1, pp. 7-8.

Traducido por: Ed Osuna.

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El Pensar en Dios-segunda parte-Maurice Roberts

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El pensamiento en Dios debe ser la panacea del cristiano.  Este pensar debe curar todos sus males de golpe.  ¡Y qué infinidad hay en el pensamiento en Dios!  Nada puede aproximarse en belleza a la idea del Dios vivo y verdadero.  Que hay un ser quien es infinito en poder, conocimiento y bondad y que este ser cuida de mí con un amor perfecto como si yo fuera el único hombre que existiera, que él me amó antes de que naciera y me creó para disfrutarle eternamente y que envió a su Hijo a sufrir la agonía de la cruz para asegurar mi eterna felicidad-esto debe ser con seguridad un pensamiento para poner fin a toda tristeza.  Y esto debería ser así y a menudo lo es.
Sin embargo, hay una diferencia entre las cosas tal cómo son y  la manera cómo las percibimos.  Nuestras percepciones de Dios sufren más que nuestras percepciones sobre las cosas naturales porque somos depravados y no hacemos nuestra tarea diaria de enriquecer nuestra idea de Dios en la fuente de la Escritura.  Nuestra necedad es esta, que nos permitimos a nosotros mismos mirar los problemas de la vida como si ellos estuvieran en alguna manera aislados de Dios.  Tan pronto como vemos nuestros problemas a luz del ser y perfección de Dios, somos liberados de la alarma y el terror.  Por lo tanto, permanece como un principio de aplicación universal, que podemos manejar nuestras aflicciones solo si ´no miramos las cosas que se ven, sino las cosas que no se ven´ [2 Corintios 4:18].  Es este hábito mental el cual la Escritura llama ´fe´ y el cual se alaba en Moisés cuando nos informa que ´se sostuvo como viendo al invisible´ [Hebreos 11:27].

De hecho, este capítulo once de Hebreos, tiene un buen aporte para enseñarnos acerca del tema en cuestión.  Porque, ¿qué fue lo que inspiró a los patriarcas, héroes y santos en este capítulo a hacer su grandes hazañas, aparte de la imagen mental la cual continuamente sostenían de Dios como el Dios quien ´es galardonador de los que le buscan´[Hebreos 11:6]?  Esto pudiera ser verdaderamente dicho de ellos, que laboraron y sufrieron, cada uno, por la única razón, que Dios estaba siempre presente en los ojos de su mente.  Esta es la única explicación que puede ser dada a todos sus esfuerzos e incomodidades, que  tenían  a Dios constantemente en el centro de su pensamiento. Y aquellos quienes piensan en Dios cómo el verdaderamente debe ser conocido,  tienen un buen intercambio al perder casa, país, familia, fortuna, salud y comodidad-sí-y la vida misma-para ganar al final la posesión Dios en sí mismo.
El arte del buen pensamiento es llevar el pensamiento a su conclusión lógica.  Es dicho de Sir Isaac Newton que no atribuyó nada más a sus teorías profundas que el tomar las líneas de su pensamiento más lejos que los otros hombres lo hicieron y por lo tanto, percibió las ´leyes´ escondidas que formuló. Esta es una lección, la cual los cristianos deberían aprender de él.  El mero pensamiento en Dios debería poner fin a toda ansiedad.  Entonces, ¿por qué en mi caso no lo hace?  Porque fallo en llevar el pensamiento a su propia conclusión.
Si Dios es Dios, entonces no existen problemas sin solución. Y si Dios es mi Dios, entonces ningún problema mío está si una solución apropiada.  Hay en Dios exactamente lo justo que necesito para resolver cada rompecabezas de la vida. Tal persona es Dios, quien comprende por sí mismo todo lo que pudiéramos necesitar siempre para neutralizar todos los males, rechazar todas las tentaciones, poner fin a todas las tristezas y compensar  todas las perdidas.  Además, hay en Dios tal provisión de suficiencia y sabiduría que es capaz de  transformar cada mal en bien tan pronto como él nos toca.  Por decirlo así, Dios tiene el ´toque de Midas´ por el cual todos los problemas del cristiano se transforman en oro en sus manos.  Nos es dicho que ´todas las cosas ayudan a bien´ [Romanos 8:28] para nosotros es más que algo amigable.  Es tener el elixir de la vida.
El pánico es la falla pecaminosa para aplicar nuestro conocimiento de Dios a problemas particulares.  El apóstol Pedro mira las olas y empieza a hundirse.   Los discípulos en el bote están alarmados en la tormenta.  Semejantes a ellos, también caemos quizás en fuertes periodos de desánimo por el estado de la sociedad, el estado de la iglesia, el estado del campo misionero donde servimos, o aún por el estado imperfecto de nuestras propias almas.  El pánico es posible únicamente cuando Dios está oscurecido de nuestros pensamientos por las circunstancias visibles.
Extracto tomado de: Maurice Roberts. The Thought of God. Banner of Truth. Capítulo 1, pp. 5-7.
Traducido por: Ed Osuna.

El Pensar en Dios-primera parte-Maurice Roberts

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Es muy claro en la Escritura lo que los hombres buenos hacen y lo que los hombres malos no hacen, volverse intuitivamente a Dios cuando enfrentan problemas.  Por ejemplo, cuando los seguidores de David se volvieron contra él después del saqueo de Siclag y estaban tan perturbados ante la perdida de sus esposas e hijos que estuvieron a punto de apedrearlo, somos informados que “David se fortaleció en el SEÑOR su Dios”.  [1 Samuel 30:6].  De manera similar, cuando Senaquerib y Rabsaces pusieron asedio contra Jerusalén y toda esperanza terrenal de liberación era nula, Ezequías, se nos dice, ´la extendió delante del SEÑOR´ [2 Reyes 19:14].  De nuevo, cuando Nehemías reveló a Artajerjes su preocupación secreta por la causa de Dios por una expresión facial involuntaria y fue invitado a hacer su petición de manera abierta, él nos dice que ´oró al Dios del Cielo´ [Nehemías 2:4].  Semejante a la luz del relampago, las almas de los hombres buenos se vuelven hacia Dios cuando son confrontados por pruebas y temores.

Todos los Salmos parecen haber sido escritos principalmente con el propósito de animar a los creyentes a pensar en Dios cuando la calamidad llega o cuando la perplejidad les cubre de tinieblas.  David afirma, cuando sus enemigos se incrementaron,´No temeré a diez millares de gente´[Salmo 3:6].  ´Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado, y seré salvo de mis enemigos´[Salmo 18:3].  ´Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? [Salmo 27:1].  ´A ti clame y me sanaste´ [Salmo 30:2].  ´Busqué a Jehová, y él me oyó, y me libró de todos mis temores.´[Salmo 34:4].  ´Y él es su fortaleza en el tiempo de la angustia.´[Salmo 37:39].  ´Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.´[Salmo 46:1].   Estos  pasajes y similares en el registro de los Salmos nos aseguran que los hombres piadosos no están más listos a elevar sus mentes a Dios  en los problemas que lo que Él está para escucharlos y ayudarles.  En efecto, la totalidad de la Biblia coloca ante nosotros está verdad.

Por otro lado, los inconversos no tienen acceso a Dios en tiempos de angustia y son comúnmente consumidos por la desesperación como Saúl y Judas; o también se endurecen a sí mismos contra Dios, como Faraón, hasta que llegan a ser temerarios.  Por lo tanto, las aflicciones son un ventilador en la mano de Dios para separar entre los buenos y malos hombres.  Todos los hombres son buena compañía en los buenos tiempos pero las tormentas de la vida prueban el carácter espiritual.  En nuestra prueba, ¿a dónde hacemos volar nuestros pensamientos?  El ´maldice a Dios y muérete ´ es la filosofía esencial e inevitable de los hombres sin la gracia cuando son sorprendidos por la calamidad repentina.  Pero el hijo de Dios instintivamente mira en la miserias de la vida con ojo teológico y encuentra a Dios para ser confortado cuando todo parece ser tan malo como puede suceder: ´He aquí, aunque él me matare, en él esperaré´ [Job 13:15].
Tener a Dios en su mente y pensamiento es la constante fuente de fortaleza del creyente.  El mártir languidece en las flamas pero su mente se eleva hacia Dios su Salvador y mira hacia adelante con gozo por la gloria que le espera aún cuando su cuerpo se convierta en cenizas.  El prisionero cristiano olvida el régimen duro del campo de concentración, el encarcelamiento diario y el trabajo extenuante, en tanto su mente se eleva a lo alto sobre alas de esperanza al recordar a Dios.  El misionero cansado, luchando con silabas no familiares y gramática complicada en la esfera señalada de servicio ve más allá de las frustraciones de esta hora en tanto recuerda a Dios, su ´galardón será sobremanera grande´[Génesis 15:1].  El pastor fiel  de una congregación metido en su estudio y confrontado con una agenda imposible de deberes diarios, anima su corazón y siente su pulso avivado en tanto recuerda a su Maestro arriba.  El pensar en Dios anima toda acción.
Extracto tomado de: Maurice Roberts. The Thought of God. Banner of the Truth. pp. 3-5.
Traducido  por: Ed Osuna.