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A los amados y preciosos hijos e hijas del Dios Altísimo, sobre los cuales el Espíritu Santo me ha puesto por vigilante.
Amados en nuestro precioso Señor:
Cristo, las Escrituras, sus propios corazones y las artimañas de Satanás son las cuatro cosas principales que se deben estudiar y examinar.  El que abandone este estudio no podrá estar seguro en esta vida ni feliz en la venidera.  Es mi responsabilidad como cristiano- cuanto más como pastor- esforzarme en descubrir la plenitud de Cristo, lo vacías que son las criaturas, y las trampas del gran mentiroso.  He intentado hacer esto en el discurso siguiente, según la medida de gracia que he recibido del Señor.  En tiempos, Dios aceptó un puñado de flor de harina como sacrificio (cf. Lv. 2:2; 5:12) y de pelo de cabra como oblación; y sé que no han aprendido del Señor a menospreciar “el día de las pequeñeces” (cf. Zac. 4:10).

Amados, como Satanás ha caído de la luz a las tinieblas, de la felicidad a la desgracia, del Cielo hasta el infierno, de ser un ángel a ser un demonio, está tan carcomido por la malicia y la envidia que intentará por todos los medios hace que los demás sean eternamente desgraciados como él mismo.  Como está excluido del Cielo y “guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día” (cf. Judas 6), emplea todo su ingenio y poder en llevar a los hijos de los hombres a compartir su mismo estado y condenación.  Satanás ha sembrado el pecado en nuestras almas de manera que, en cuanto nos tienta, estamos dispuestos a asentir; en cuanto trama algo contra nosotros, nos vence.  Si muestra a los hombres algo de la hermosura y gallardía mundanas, ¡qué pronto caen a sus pies para adorarlo!  
El diablo incita a cada uno a caer en el pecado al que más se inclina su corazón.  Si David se enorgullece de su pueblo, Satanás lo incitará a contarlos para aumentar su soberbia (cf. 2 Samuel 4).
Si Pedro es esclavo del temor, Satanás lo incitará a reprender y negar a Cristo para salvar su propia piel (cf. Mateo 16:22; 22:69-75).  Si los profetas de Acab lo halagan, enseguida el diablo se convierte en espíritu de mentira en las bocas de cuatrocientos de ellos, y lo halagarán hasta arruinarlo (cf. 1 Reyes 22).  Si Judas es un traidor, Satanás entrará enseguida en su corazón, haciendo que venda a su Maestro por dinero, cosa que nunca habrían hecho los paganos (cf. Juan 13:2).  Si Ananías miente en su propio beneficio, Satanás le llenará el corazón de manera que mienta al Espíritu Santo ante testigos (Hechos 5:3).  A Satanás le encanta navegar según los vientos prevalecientes, adaptando las tentaciones al estado e inclinaciones de cada uno.  Si uno prospera, lo tienta a negar a Dios (cf. Prov. 30:9); si está pasando por dificultades, lo tienta a desconfiar de Dios; si le falta conocimiento, lo tienta a tener un bajo concepto de Dios.  Si tiene la conciencia tierna, lo tienta a ser aún más escrupuloso; si la tiene endurecida, lo tienta a sentir una seguridad carnal.  Si uno es valiente, lo tienta a la presunción, si es tímido, a la desesperación; si es flexible, a la inconstancia; si es rígido, a la impenitencia.
Proceden del poder, la malicia y sutileza de Satanás todas las conspiraciones, estratagemas, artimañas y maquinaciones que hay en el mundo para matar almas.  Dispone de varios ardides para atraerlas al pecado, de distintas estratagemas para evitar el santo servicio, y de numerosas artimañas para mantener al alma llena de tristeza, tropiezos, dudas y preguntas.
Satanás tiene numerosas maneras de destruir a grandes y honorables, sabios y eruditos, ciegos e ignorantes, ricos y pobres, y a los santos verdaderos y los nominales.
Durante un tiempo deja de tentarnos para nos creamos seguros y bajemos la guardia; en otros momento parece huir para que nos enorgullezcamos de la victoria.  Durante un tiempo fijará nuestra mirada en los pecados de los demás para hacer que nos envanezcamos; en otro momento nos hace fijarnos más en las virtudes ajenas que las propias para abrumarnos.
Es tan fácil contar las estrellas o la arena del mar como enumerar todas las artimañas de Satanás, pero se exponen en la presente obra las más importantes, con las cuales hace más daño a las preciosas almas humanas, y los remedios prescritos para ellas.
Amados, me parece necesario dar cuenta fiel ante mis hermanos y el mundo de los motivos para la publicación de esta obra.  Bien se podría decir que nunca antes se ha escrito más y, sin embargo, practicando menos que en la actualidad. Estos son los motivos:
Motivo 1.  Porque Satanás tiene más influencia en los hombres y más ventaja sobre ellos- con el viento a su favor, como quien dice- de los que se imaginan.  El conocimiento de esta gran ventaja es la mejor manera de derrotarlo, fortaleciendo el alma para resistir y vencer.
Motivo 2.  La importunidad de mis hermanos, junto con la de muchos otros “preciados hijos de Sión” (cf. Lam. 4:2) me ha vencido después de luchar por mucho tiempo con Dios, mi propio corazón y otras personas, obligándome al final a hacer lo que al principio era muy contrario a mi inclinación y decisión.
Motivo 3. La extraña oposición que sufrí de parte de Satanás durante el estudio de esta obra me ha incitado a realizar un mayor esfuerzo, al saber que Satanás lucha ferozmente por evitar que salgan a la luz aquellas cosas que pueden sacudir y derrotar su reino de tinieblas, engrandeciendo el Reino y la gloria del Señor Jesucristo en las almas y vidas de los hijos de los hombres.
Motivo 4. Resulta muy útil para personas de todas clases, posiciones y rangos sociales.  Es el ungüento para toda llaga, la venda para toda herida, y el remedio para todas enfermedad, especialmente aquellas que hacen más daño a las almas y arruinan el Estado.
Motivo 5. No sé de ningún otro que haya escrito acerca de este tema; todos los libros que he leído se han limitado a tocarlo brevemente, lo cual me ha animado aún más en el empeño, para que otros que tienen mejores cabezas y corazones se estimulen a emplear sus talentos en la investigación de las artimañas de Satanás y dar a conocer los mejores remedios para ayudar a las almas a triunfar sobre todas sus estratagemas.
Motivo 6. Tengo muchos amigos preciados en distintos países que anhelan que les llegue algo de mi pluma, ya que no pueden oír mi voz.  En el pasado, con al ayuda del poderoso Dios de Jacob, les he servido de alguna pequeña ayuda; y espero y confío que el Señor también bendecirá este proyecto, ya que en parte es fruto de sus deseos y oraciones.
Motivo 7. Finalmente, como no sé el tiempo que me puede quedar de vida, ni cuándo me quitará la muerte toda oportunidad de servir a Cristo y a las almas en este mundo, quiero sembrar alguna semilla espiritual entre mis hermanos, para que, cuando abandone el tabernáculo de este cuerpo, el amor y los gratos recuerdos de mis hermanos que goza mi alma les hagan escoger a este libro por compañero y emplear este unguento celestial para todos los cambios internos y externos.  Espero que, con la bendición del Señor, sea eficaz para sanar todas sus heridas, como lo fue el mirar la serpiente de bronce para los que fueron mordidos por las serpientes ardientes (cf. Nm. 21:6-9).  Les dejo este libro como legado de amor, y deseo que el Señor lo haga mucho más dulce que los legados carnales dejados por los nobles de este mundo a sus seres queridos. 
Extracto tomado de: Thomas Brooks. Remedios preciosos contra las artimañas de Satanás. pp. 24-27. El Estandarte de la Verdad. 2009.
Publicado por primera vez en inglés en 1652 con el título Precious Remedies Against Satan´s Devices.
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