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Somos advertidos a no permitir que lleguemos a estar endurecidos, porque si miramos todo el concepto de endurecimiento en su perspectiva bíblica, vemos que algo nos sucede a través de repetidos pecados.  Nuestras conciencias llegan a cauterizarse.  Entre más cometemos un pecado particular, menos remordimiento sentimos por este. Nuestros corazones se vuelven obstinados a  través de la desobediencia repetitiva.

Cuando Dios endurece el corazón, todo lo que Él hace es dejarnos y parar de contender con nosotros.  Por ejemplo, la primera vez que cometo un pecado particular, mi consciencia me molesta.  En su gracia, Dios está convenciéndome de este mal.  Dios está interfiriendo en mi vida, tratando de persuadirme a dejar esta maldad.  Si Él quiere endurecerme,  todo lo que Él tiene que hacer es parar de reprenderme, parar de codearme, y darme suficiente cuerda para ahorcarme yo mismo.
Nosotros vemos en la Escritura que cuando Dios endurece los corazones, Él no fuerza a la gente a pecar, en lugar de eso, Él les da libertad para ejercer el mal de sus propios deseos (Santiago 1:13-15).
Coram Deo
Haz esta oración con el Salmista David:Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno” (Salmo 139:23-24).
Pasajes para mayor estudio
Santiago 1:13-15

Traducido por Ed Osuna de: Ligonier Ministries

http://www.ligonier.org/learn/devotionals/avoiding-hardened-conscience/