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No debes orar sin pensar. En cambio, debes considerar cuidadosamente lo que vas a orar; ya que si no lo haces así, realmente no estás creyendo en algunas promesas y verdades de Dios.  Por ejemplo:

1. No necesitas orar para que el Señor esté contigo o con otro creyente, porque Él ya está contigo y ha prometido nunca dejarte ni desampararte (Mateo 28:20b; Hebreos 13:5).  En cambio da gracias al Señor por Su continua presencia a tu lado (Hebreos 13:6).
2. No necesitas orar para que Dios te de amor por otra persona porque Él ya ha derramado Su amor en ti (Romanos 5:5) y te ha dado la orden y la capacidad para amar (1 Juan 4:7-12).  Ora en cambio por Su sabiduría (Santiago 1:5) y guía (Romanos 8:4; Gálatas 5:16) para enseñarte cómo demostrar amor por otros.
3. Como un creyente verdadero, no necesitas orar para ser liberado del poder del pecado, porque ya has sido libertado (Romanos 6:1-14).  Dale gracias a Dios que Él te ha dado la libertad del poder del pecado (Romanos 6:6-7; 12:1-2).
4. No necesitas orar para despojarte de la vieja naturaleza o para revestirte de la nueva naturaleza, porque eso ya se llevo a cabo en la salvación (Romanos 6:6-11; Gálatas 2:20; Efesios 4:22-24).  En vez de esto, ora para que Dios te dé ayuda, gracia y sabiduría para quitarte las obras del viejo yo, y para ponerte las nuevas y justas prácticas (Hebreos 4:15-16; Santiago 1:5).
Tomado de: Autoconfrontación:  Manual para el discipulado a fondo. Lección 3 página 12.