El Hogar Educador

La educación en el hogar, está de regreso.  Más y más padres están comenzando a instruir a sus hijos en el hogar.  Dios está comenzando a “volver el corazón de los padres hacia los hijos”, y el corazón de los hijos hacia los padres” (Malaquías 4:6).  Durante los primeros 100 años de los Estados Unidos, la educación en el hogar fue la forma predominante de la educación. Luego desapareció por un período de cerca de 75 años.  En los años 1970s volvió a resurgir la educación en el hogar.  Este resurgimiento ha seguido la tendencia a alejarse de las escuelas convencionales y de los métodos de educación estandarizados y un regreso a los procesos que consideran un aprendizaje e instrucción más individualizada.  El movimiento de la educación en el hogar también trajo un entendimiento saludable entre lo que es el papel de los padres y el del gobierno en la educación.


Pero más importante, el movimiento de la educación en el hogar representa el deseo de los padres de instruir a sus hijos en sus hogares para así poder restaurar o implantar valores cristianos tradicionales en el corazón de sus hijos y traer unidad a las familias.
Nunca hubo ni tampoco hay una sola organización que haya causado el renacimiento del movimiento de la educación en el hogar.  Es claramente aparente que el cambio del corazón de los padres hacia sus hijos es sobrenatural; el Espíritu Santo ha movido a cientos de miles de familias en los Estados Unidos y alrededor del mundo a entender la necesidad de instruir a sus hijos en el camino del Señor.  Se han dado cuenta de que la Biblia esta llena de mandamientos para los padres en cuanto a cómo deben ellos instruir a sus hijos.  Estas condiciones deben cumplirse para poder obedecer a Dios, el gran Legislador y nuestro Redentor.
La encuestas que se han llevado a cabo dentro de la comunidad de educadores en el hogar revelan que el 85% al 90% de los padres que educan en sus hogares se consideran cristianos nacidos de nuevo.  Estos padres están comprometidos con instruir en el camino por el que deben de andar para que cuando sean adultos no se aparten de Él. (Proverbios 22:6).
En otras palabras, la comunidad que educa en el hogar, en general educa en el hogar-no por la educación en sí- sino para la gloria y honor de Dios.  La educación en el hogar es un medio para alcanzar unf in, no es un fin en sí mismo.  El fin, para el cual  trabajan estos padres es que sus hijos vengan al conocimiento del Señor Jesucristo como su Salvador personal y vivan con Él como el Señor de sus vidas.  Aunque a estos padres que educan en el hogar les hubiese gustados ver a sus hijos convertidos en genios aquí en la tierra, su meta más alta es que un díua sus hijos esté de pie junto a ellos en el cielo.  La educación en el hogar enseña lo que verdaderamente es importante y valioso. La educación en el hogar permite a los padres enseñar la Palabra de Dios a sus hijos. Pablo le recordó a Timoteo que persistiera en lo que “has aprendido y te persuadiste sabiendo de quien has aprendido, y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe en Cristo Jesús.  Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:14-17).
Los educadores en el hogar toman muy en serio la verdad de que sus hijos necesitan ser instruidos diligentemente en la Palabra de Dios cuando se levantan, cuando se acuestan, cuando van de camino.  Estas enseñanzas deben atarse en los postes de sus casas, en las paredes y en sus manos.  Este mandamiento de Deuteronomio 6 requiere que los padres enseñen a sus hijos los principios de Dios en una forma profunda, algo que la escuelas públicas no pueden hacer.
Los padres que educan en el hogar no requieren que sus hijos aprendan los caminos de las naciones impías que Dios manda que no aprendan (Jeremías 10:2).
La vida humana es corta, y ninguno de nosotros sabe cuento tiempo nuestros hijos estáran con nosotros.  Necesitamos hacer que cada minuto cuente.  Educando en el hogar podemos llevar a cabo de mejor manera los mandamientos que Dios ha dado a los padres en Su Palabra.  Podemos asegurarnos de no provocar  a nuestros hijos a ira sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor (Efesios 6:4).  Podemos enfocarnos en que “la piedad para todo aprovecha pues tiene promesa de esta vida presente y de la venidera” (1 Timoteo 4:8).
En muchas maneras la educación el hogar es un avivamiento moral y espiritual en el cual los hijos son instruidos seriamente en la Palabra de Dios, no solamente a creer como cristianos como a también a pensar y a vivir como cristianos.  Vivimos en un mundo en el que hasta los cristianos están pensando como los no cristianos, porque ellos han sido enseñados en un sistema educativo secular en donde el conocimiento se aprende aparte del entendimiento de las verdades absolutas de Dios.  Pero los padres que educan en el hogar están negandose a sí mismos y se dedican a sus hijos para así poder cumplir con los mandamientos del Señor.
La educación en el hogar es un avivamiento espiritual, es un avivamiento que trae muchas bendiciones pero demanda gran sacrificio. La mayor recompensa está en los cielos y un día podremos estár ante el Tribunal de Cristo en donde daremos cuenta de cuán fieles y diligentes fuimos en la instrucción de nuestros hijos en Su Palabra, de manera que Él podrá decirnos: “Bien hecho, buen siervo, y fiel”.
Tomado de: Cristopher klicka.  El Corazón de la Educación en el Hogar. El Hogar Educador. 2007.