Cada cristiano es un teólogo.,  Siempre estamos aprendiendo sobre los temas relativos a Dios.  No todos somos teólogos en el sentido profesional o académico, pero sí somos teólogos, para bien o para mal.  Y no se trata de ningún asunto menor el serlo “para mal”.  La segunda carta de Pedro nos advierte que las herejías destruyen al pueblo de Dios y son blasfemias cometidas contra Dios.  Son destructivas porque la teología alcanza todas y cada una de las dimensiones de nuestras vidas.
La Biblia declara que como el hombre piense en su corazón, así será el hombre.  Esta declaración puede resultar extraña.  Es casi como si el escritor bíblico cometiera una equivocación.  Parece estar confundiendo la mente con el corazón.  Lo usual es que asociemos los pensamientos con la mente y los sentimientos con el corazón.  Por lo tanto, ¿qué puede querer significar cuando dice que un hombre piensa en su corazón?  La frase pensar en el corazón se refiere a una reflexión meditada.  Muchas ideas son barajadas fugazmente por nuestra mente sin penetrar nunca en nuestros corazones. Aquellas ideas que nos atrapen en nuestro fuero más íntimo, sin embargo, serán las ideas que darán forma a nuestras vidas.  Somos lo que pensamos.  Cuando nuestros pensamientos son corruptos, nuestras vidas también lo serán.
Todos sabemos que hay persona que pueden recitar los credos sin cometer ninguna equivocación y pasar los cursos  de teología.  La cuestión, entonces, no se trata sobre si deseamos tener teología.  Eso ya debe ser dado por hecho.  El fondo de la cuestión es: ¿contamos con una teología sólida y cierta?  ¿Abrazamos una doctrina verdadera, o acaso una falsa?
Tomado de:

R. C. Sproul.
Las Grandes doctrinas de la Biblia.
FLET, Unilit, 1996, p. v, vi