En el siglo XVI, los reformadores declararon su entera confianza en lo que denominaron la “perspicuidad” de la Escritura.  A lo que se referían con ese término técnico era a la claridad de las Escrituras.  Afirmaban que la Biblia era clara y lúcida.  Es lo suficientemente sencilla para que cualquier persona letrada pueda entender su mensaje básico.  Esto no significa que todas las partes de la Biblia sean igualmente claras o que no haya en ella pasajes o secciones difíciles.  Los laicos sin preparación en cuanto a las lenguas antiguas y los aspectos críticos de las exégesis pueden tener dificultad con algunas partes de la Escritura, pero el contenido esencial es lo suficientemente claro para ser entendido con facilidad.  Lutero, por ejemplo, estaba convencido de que lo que era oscuro y difícil en una parte de la Escritura, se afirmaba con mayor claridad y sencillez en otras partes de la Escritura.

Algunas partes de la Biblia son tan claras y sencillas que resultan ofensivas a aquellos que sufren de arrogancia intelectual. Hace algunos años daba yo una conferencia en cuanto a cómo la muerte de Cristo en la cruz cumplía un motivo maligno del Antiguo Testamento.  A mitad de mi conferencia un hombre de entre el público me interrumpió diciendo en alta voz:  “Eso es primitivo y obsceno”.  Le pedí que repitiera su observación para que todos los presentes tuvieran la oportunidad de oír su queja.  Cuando lo hubo repetido, le dije:  “Tiene usted toda la razón.  A mí en particular me gusta la elección de palabras, primitivo y obsceno”.


La historia entera de la redención se comunica en términos primitivos desde el episodio del encuentro de Adán y Eva con la serpiente hasta la destrucción devastadora que Dios inflige a las carrozas de Egipto en el Éxodo y hasta el craso y brutal asesinato de Jesús de Nazaret.  La Biblia revela a un Dios que oye a los gemidos de toda su gente, desde el campesino hasta el filósofo, desde el lerdo al docto más refinado.  Su mensaje es lo suficientemente sencillo como para que la más simple de sus criaturas caídas lo entienda.  ¿Qué clase de Dios revelaría su amor y redención en términos tan técnicos y conceptos tan profundos que sólo la flor y nata de un grupo de eruditos profesionales pudiera entenderlos?  Dios sí habla en términos primitivos porque se está dirigiendo a primitivos.  Al mismo tiempo, hay bastante profundidad en la Escritura como para tener a los sabios más astutos y eruditos solícitamente ocupados en sus averiguaciones por el resto de sus vidas.
Si la palabra primitivo es la apropiada para describir el contenido de la Escritura, obsceno  lo es aun más.  Todas las obscenidades del pecado están registradas con lenguaje claro y directo en la Escritura.  ¿Y qué hay más obsceno que la cruz?  He aquí la obscenidad a escala cósmica.  Sobre la cruz carga Cristo sobre sí los pecados más terribles de los hombres para poder redimir a esa humanidad inmerecedora.
Si usted ha sido uno de esos que se ha apegado  a los mitos del aburrimiento o la dificultad, probablemente se deba a que usted le ha atribuido a la totalidad de la Escritura lo que ha encontrado en algunas partes.  Puede se que algunos de los pasajes hayan sido particularmente difíciles y obscuros.  Otros pasajes le podrán haber dejado confundido y desconcertado.  Tal vez esos debieran dejárseles a los eruditos para que los desenmarañen.  Si usted encuentra difíciles y complicadas algunas porciones de la Escritura, ¿debe deducir que la totalidad de la Escritura es aburrida e insípida?
El cristianismo bíblico no es una religión esotérica.  Su contenido no se oculta tras símbolos vagos que requieran de algún tipo de “ingenio” especial para captarse.  No se requiere de ninguna especial proeza intelectual ni algún don espiritual para entender el mensaje básico de la Escritura.  En las religiones orientales, tal vez, el ingenio se limita a algún “gurú” remoto que habita en una choza en las alturas de las montañas.  Puede ser que ese “gurú” haya quedado pasmado por los dioses con algún misterio profundo del universo.  Usted viaja para indagar y él le dice en un susurro leve que el significado de la vida es el “dar palmas con una sola mano”.  Eso es esotérico.  Es tan esotérico que ni aún el “gurú” lo entiende.  No lo puede entender porque es absurdo.  Lo absurdo muchas veces suena profundo porque no somos capaces de entenderlo.  Cuando oímos cosas que no entendemos, a veces pensamos que sencillamente son demasiado profundas para captarse cuando de hecho son meras afirmaciones ininteligibles como “dar palmas con una sola mano”.  La Biblia no habla así.  La Biblia habla de Dios con patrones de lenguaje significativos.  Algunos de esos patrones podrán ser más difíciles que otros, pero no llevan la intención de ser frases disparatadas que sólo un “gurú” pueda entender.
Extracto tomado del libro: R. C. Sproul. Cómo estudiar e interpretar la Biblia. FLET, UNILIT. pp. 11-13.