Esto debe ser entendido de lo que ha sido dicho, el grado de paz mental del cristiano depende de su habilidad espiritual para interponer el pensamiento de Dios entre sí mismo y su ansiedad. Cuando la nube oscura del problema aparece primero en el horizonte de nuestro pensamiento, entonces es el tiempo para aplicar nuestra teología con total intensidad. Porque no son las circunstancias externas las que pueden empujarnos hacia abajo, sino nuestra propia reacción de desesperanza ante ellas, cuando fallamos en percibir la mano oculta de Dios en todos los eventos de nuestra vida.

No hay situación en la vida demasiada difícil para Dios. Pero muchas situaciones parecen demasiado difíciles a primera vista. Estas son ordenadas para darnos oportunidad de esperar en Dios por su liberación. Hay una bendición adherida al esperar con paciencia en Dios en los días malos. La impaciencia nos urge a resignarnos y escapar cuando los tiempos que nos están molestando son indignos de los hijos de Dios. Hay un mejor camino. Vamos a recordar a Dios y tomar valor renovado. Los que creen no se apresurarán y, por el contrario, no serán avergonzados aquellos que esperan en Dios [Isaías 28:16; 49:23].

Es instintivo para el cristiano en cada tiempo de temor o problema volver su pensamiento a Dios. Para la mente no espiritual esto escapismo contemplativo, o el ´mero opio del pueblo´. Pero en realidad esta es una actividad de fe y adoración y de gran agrado para Dios. Ciertamente, si Dios fuera solamente una ficción mental, no habría nada más para encomiar a la práctica de la meditación devota sobre su excelencia y gloria aparte del optimismo piadoso, el pensamiento imaginario agradable, lo cual beneficiaría la mente de la misma manera como mucho del ´pensamiento positivo´ lo ha expresado y nada más. Sin embargo, ya que Dios existe en realidad y no es una medicina espiritual inventada por nuestros temores, lo que debemos entender es que el secreto de la vida consiste principalmente en ocupar en Él nuestros pensamientos tanto como sea posible y en especial en tiempos de temor y necesidad.
Extracto tomado de: Maurice Roberts. The Thought of God. Banner of Truth. Capítulo 1, pp. 7-8.

Traducido por: Ed Osuna.