Es muy claro en la Escritura lo que los hombres buenos hacen y lo que los hombres malos no hacen, volverse intuitivamente a Dios cuando enfrentan problemas.  Por ejemplo, cuando los seguidores de David se volvieron contra él después del saqueo de Siclag y estaban tan perturbados ante la perdida de sus esposas e hijos que estuvieron a punto de apedrearlo, somos informados que “David se fortaleció en el SEÑOR su Dios”.  [1 Samuel 30:6].  De manera similar, cuando Senaquerib y Rabsaces pusieron asedio contra Jerusalén y toda esperanza terrenal de liberación era nula, Ezequías, se nos dice, ´la extendió delante del SEÑOR´ [2 Reyes 19:14].  De nuevo, cuando Nehemías reveló a Artajerjes su preocupación secreta por la causa de Dios por una expresión facial involuntaria y fue invitado a hacer su petición de manera abierta, él nos dice que ´oró al Dios del Cielo´ [Nehemías 2:4].  Semejante a la luz del relampago, las almas de los hombres buenos se vuelven hacia Dios cuando son confrontados por pruebas y temores.

Todos los Salmos parecen haber sido escritos principalmente con el propósito de animar a los creyentes a pensar en Dios cuando la calamidad llega o cuando la perplejidad les cubre de tinieblas.  David afirma, cuando sus enemigos se incrementaron,´No temeré a diez millares de gente´[Salmo 3:6].  ´Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado, y seré salvo de mis enemigos´[Salmo 18:3].  ´Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? [Salmo 27:1].  ´A ti clame y me sanaste´ [Salmo 30:2].  ´Busqué a Jehová, y él me oyó, y me libró de todos mis temores.´[Salmo 34:4].  ´Y él es su fortaleza en el tiempo de la angustia.´[Salmo 37:39].  ´Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.´[Salmo 46:1].   Estos  pasajes y similares en el registro de los Salmos nos aseguran que los hombres piadosos no están más listos a elevar sus mentes a Dios  en los problemas que lo que Él está para escucharlos y ayudarles.  En efecto, la totalidad de la Biblia coloca ante nosotros está verdad.

Por otro lado, los inconversos no tienen acceso a Dios en tiempos de angustia y son comúnmente consumidos por la desesperación como Saúl y Judas; o también se endurecen a sí mismos contra Dios, como Faraón, hasta que llegan a ser temerarios.  Por lo tanto, las aflicciones son un ventilador en la mano de Dios para separar entre los buenos y malos hombres.  Todos los hombres son buena compañía en los buenos tiempos pero las tormentas de la vida prueban el carácter espiritual.  En nuestra prueba, ¿a dónde hacemos volar nuestros pensamientos?  El ´maldice a Dios y muérete ´ es la filosofía esencial e inevitable de los hombres sin la gracia cuando son sorprendidos por la calamidad repentina.  Pero el hijo de Dios instintivamente mira en la miserias de la vida con ojo teológico y encuentra a Dios para ser confortado cuando todo parece ser tan malo como puede suceder: ´He aquí, aunque él me matare, en él esperaré´ [Job 13:15].
Tener a Dios en su mente y pensamiento es la constante fuente de fortaleza del creyente.  El mártir languidece en las flamas pero su mente se eleva hacia Dios su Salvador y mira hacia adelante con gozo por la gloria que le espera aún cuando su cuerpo se convierta en cenizas.  El prisionero cristiano olvida el régimen duro del campo de concentración, el encarcelamiento diario y el trabajo extenuante, en tanto su mente se eleva a lo alto sobre alas de esperanza al recordar a Dios.  El misionero cansado, luchando con silabas no familiares y gramática complicada en la esfera señalada de servicio ve más allá de las frustraciones de esta hora en tanto recuerda a Dios, su ´galardón será sobremanera grande´[Génesis 15:1].  El pastor fiel  de una congregación metido en su estudio y confrontado con una agenda imposible de deberes diarios, anima su corazón y siente su pulso avivado en tanto recuerda a su Maestro arriba.  El pensar en Dios anima toda acción.
Extracto tomado de: Maurice Roberts. The Thought of God. Banner of the Truth. pp. 3-5.
Traducido  por: Ed Osuna.