La Defensa de un Credo Exclusivo en un Mundo Inclusivo

Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida;
nadie viene al  Padre, sino por mí”
Juan 14:6
Introducción
En lo que se dio a conocer al mundo como el “Movimiento de Jesús” que se mantuvo activo durante las décadas de los años sesenta y setenta, se volvió bastante popular la señal que se hacía con el dedo índice en lo alto y cuyo significado era:  “Un solo camino al cielo”.  Por todas partes se veían calcomanías con ese mensaje en automóviles, casas, prendas de vestir y toda clase de artículos.  “Un sólo camino” se convirtió en la frase que identificaba a todos los evangélicos.
En aquel tiempo los evangélicos conformaban un movimiento amplio de gran diversidad.  En cierto sentido los evangélicos eran más eclécticos que en la actualidad porque incluían a toda clase de individuos, desde los que se identificaban como “la gente de Jesús” en la cultura juvenil de aquel tiempo hasta los fundamentalistas de línea dura que menospreciaban todas las expresiones contemporáneas de religiosidad.  No obstante, todos ellos tenían por lo menos una cosa muy importante en común: Reconocían que Jesucristo es el único camino al cielo.  “Un sólo camino” parecía ser una creencia invariable que todos los evangélicos tenían en común. 
Esto ha dejado de ser así.  El movimiento evangélico actual ya no se mantiene unificado sobre este punto cardinal.  Algunos que se llaman a sí mismos evangélicos insisten en que la fe exclusiva en Jesús no es el único camino al cielo.  Se han convencido de que el cielo estará lleno de personas apegadas a todos los credos y doctrinas del mundo.  Otros solo sienten cobardía, vergüenza o vacilación para afirmar la exclusividad del evangelio en un mundo secular que trata como virtudes supremas la inclusión, el pluralismo y la tolerancia.  Imaginan que sería una contravención cultural inaceptable declarar que el cristianismo es la verdad y que todos los demás credos son erróneos.  Al parecer, el temor más grande del movimiento evangélico en la actualidad es que seamos vistos fuera de armonía con el mundo.

¿Cómo ha tenido lugar un cambio tan dramático?  ¿Por qué muchos evangélicos han abandonado aquello en lo que todos estuvimos de acuerdo como la verdad absoluta?  Creo que es porque los líderes eclesiásticos, en su búsqueda desesperada de mantenerse relevantes y modernos, no han reconocido hacia dónde va el mundo contemporáneo y por qué.

Lo que sucede es que ya no vivimos en el mundo moderno, sino en el posmoderno  y el hecho es que el posmodernismo se opone tanto al modernismo como a la verdad del cristianismo.  Las cuestiones filosóficas son diferentes, pero la hostilidad del mundo a la verdad de las Escrituras no ha menguado en lo más mínimo.

No es tiempo de hacernos amigos con el mundo.  Tampoco es tiempo de capitular ante el clamor del mundo por el pluralismo e inclusión indiscriminada.  Si no recuperamos nuestra convicción de que Cristo es el único camino al cielo, el movimiento evangélico se debilitará y será cada vez más irrelevante.

Es irónico que la mayoría de los que denigran la exclusividad de Cristo lo hacen porque creen que es una barrera a la “relevancia” del evangelio.  En realidad, el cristianismo no es relevante en absoluto si es una simple opción entre una multitud de caminos posibles a Dios.  La relevancia del evangelio siempre ha sido su exclusividad absoluta, la cual se resume en la verdad de que Cristo es el único que ha hecho expiación por el pecado y por lo tanto, solo Cristo puede suministrar reconciliación con Dios para aquellos que creen solo en Él.

La iglesia primitiva predicó a Cristo crucificado y siempre consciente de que ese mensaje sería piedra de tropiezo para los religiosos judíos y locura para los filósofos griegos (1 Corintios 1:23).  Necesitamos recuperar ese denuedo apostólico.  Necesitamos recordar que los pecadores no se ganan por medio de las relaciones públicas avezadas o poderes terrenales de persuasión, sino con el evangelio como el mensaje exclusivo que es así como poder de Dios para salvación.
Extracto tomado de: John MacArthur. ¿Por qué un único Camino?-La defensa de un credo exclusivo en un mundo inclusivo.  Editorial Portavoz, 2004. pp. 7-10.