La Nueva Generación-2da. parte-Rick Holland

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Rick Holland en la Conferencia Juvenil “Resolved”
Un Acercamiento Bíblico a los Ministerios Estudiantiles
El ministerio es una guerra. La iglesia debe constantemente luchar por su doctrina y su pureza. La historia de la iglesia es un diario de las sangrientas batallas, las cuales han sido peleadas por las almas de los pecadores y la santificación de los santos.
Pero quizás la más importante de las arenas de conflicto con el enemigo son las vidas de la gente joven. El blanco especifico son los años formativos entre los 12 a los 25. Estos son los años más decisivos en la vida de una persona, aunque a menudo son los más ignorados en la estrategia de la iglesia.

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La Nueva Generación-1era. parte-Rick Holland

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Una mirada bíblica a los ministerios estudiantiles
Dr. Rick Holland
Pastor asociado de ministerios estudiantiles y universitarios
Grace Community Church
Algunas observaciones importantes
• Menos del 10% de los estudiantes de secundaria en las iglesias de hoy permanecerán envueltos con la iglesia en su último año de universidad.
• El crimen y la promiscuidad sexual entre los jóvenes (de 12a 19) son los más altos en la historia.
• Encuestas recientes revelan que no hay diferencias significativas en la actitud o conducta entre los jóvenes (de 12 a 19 años) de la iglesia y los que están fuera de ella.
• Mucho más material sobre el ministerio juvenil ha sido publicado en la última década que en los previos cincuenta años.
• El promedio de permanencia de un pastor de jóvenes es de menos de dieciocho meses.
• El porcentaje de jóvenes que provienen de hogares rotos es el más alto en la historia, (entre 50% a 55%.)
• Generalmente, el menos capacitado teológicamente del equipo pastoral es el pastor de jóvenes.
• La percepción general del ministerio juvenil no es mucho más que simple cuida niños.
• Sin embargo, más del 80% de la gente quien da su vida a Cristo, lo hace antes de los veinticinco años. Más

The Rebelution-1 Timoteo 4:12

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La definición oficial de ‘The Rebelution‘ es “una rebelión juvenil en contra de las bajas expectativas de una cultura impía.” Cuando hoy miras a tu alrededor, en términos de carácter piadoso y competencia práctica, nuestra cultura no espera mucho de nosotros como gente joven. No sólo se espera que hagamos muy poco respecto a lo sabio o bueno, sino se espera que hagamos lo opuesto. Nuestra cultura juvenil saturada por los medios está constantemente reforzando expectativas y normas cada vez más bajas.

La palabra ‘rebelution‘ es una combinación de las palabras “rebelión” y “revolución.” Esta conlleva un sentido de sublevación en contra de las normas sociales. Pero en este caso, no es una rebelión contra la autoridad establecida por Dios, sino en contra de las expectativas bajas de nuestra sociedad. Es decir, un rechazo por ser definido por nuestra cultura impía y rebelde. De hecho, nos gusta pensar de ésta como una rebeldía contra la rebelión.

Y es emocionante, porque The Rebelution realmente se ha convertido en un tipo de movimiento juvenil contra cultural entre la gente joven de alrededor de nuestro país, y aún alrededor del mundo, quienes no solamente rechazan las mentiras y la corrupción de la cultura juvenil saturada por los medios, sino que están regresando a los niveles de carácter y competencia bíblicos e históricos.
En 1 Timoteo 4:12, el apóstol Pablo dice a Timoteo, “Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza.” En otras palabras, como gente joven somos llamados a ser ejemplo en todas las áreas de la vida. Nuestra generación se queda increíblemente corta de este llamado. Los años juveniles en lugar de servir como una plataforma de lanzamiento para la vida, son vistos como unas vacaciones de la responsabilidad. Nosotros llamamos a esto el “mito de la adolescencia.” Y The Rebelution está poniendo todo su empeño para hacer caer este mito.
El grito de batalla de The Rebelution se resume en solamente tres palabras, sin embargo este es un concepto explosivo: Haz Cosas Difíciles. Esto es así. El “Hacer Cosas Difíciles” es una mentalidad que nos dirige a enfrentar de manera correcta las bajas expectativas de nuestra cultura. El mundo dice, “Tú eres joven, ¡diviértete! Este nos dice “obedece tu sed” y “sólo hazlo”. O nos dice, “¡Tu eres grande!”No necesitas dominarte a ti mismo.” Pero toda esta clase de slogans sabotean el carácter y la competencia bíblica.
“Haz Cosas Difíciles” es totalmente lo opuesto. De esta forma es como construimos el carácter y la competencia. Esta no se rebajará para llenar las bajas expectativas, no solamente se conformará a hacer las cosas fáciles que vengan y no llegará a ser complaciente. Esto aplica no importa quién eres ó en que nivel te encuentres, porque siempre habrá algo más difícil que hacer, y habrá algunas cosas que te llevarán fuera de la zona de comodidad y producirán que crezcas.
The Rebelution se compone de tres partes fundamentales. Hemos hablado acerca de dos de ellas: carácter y competencia. La tercera es colaboración. No es suficiente que seamos individuos excepcionales. No es suficiente que tratemos de ignorar la cultura. Tenemos que crear una contra cultura. La manera como hacemos esto es por una red, exhortándonos y animándonos unos a otros en la lucha. Por la gracia de Dios, esto es lo que The Rebelution se ha convertido. Y cuando tienes una comunidad de gente joven comprometida mutuamente para hacer la cosas difíciles en sus años juveniles para la gloria de Dios, esto una cosa increíblemente poderosa.
Tomado de: The Rebelution. http://www.therebelution.com/about/
Traducido por: Ed Osuna

"Apartaos"-2 Corintios 6:17-Lecturas Matutinas

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El cristiano, aunque está en el mundo, no debe ser del mundo. Ha de distinguirse del mundo en la gran finalidad de su vida. Para él  “el vivir” tendría que ser “Cristo”.  Ya coma, o beba, o haga cualquier otra cosa, debería hacerlo todo para la gloria de Dios. 
Tú puedes hacerte tesoros, pero hazlos en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen y donde ladrones no minan ni hurtan.  Puedes procurar enriquecerte, pero sea tu ambición el ser “rico en fe” y en buenas obras.  Puedes tener alegría, pero cuando estés alegre, canta salmos y alaba al Señor en tu corazón.  En tu espíritu como en tus aspiraciones, has de diferir del mundo.  Aguardando humilde ante el Señor, consciente siempre de su presencia, deleitándose en su comunión y procurando conocer su voluntad, demostrarás ser ciudadano  del cielo.

Tendrías que estar separado del mundo en cuanto a tus obras.  Si una cosa es justa, debes hacerla aunque pierdas; si fuere injusta, aunque ganes haciéndola, debes despreciar el pecado por amor a tu Maestro.  No debes comunicar con las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien redargüirlas.  Anda como es digno de tu vocación y dignidad.  Recuerda, oh cristiano, que tú eres hijo del Rey de Reyes.  Guárdate sin mancha de este mundo.  No manches los dedos que pronto han de tocar las cuerdas celestiales; no permitas que tus ojos, que en breve verán al Rey, lleguen a ser ventanas de la concupiscencia; no permitas que tus pies, que pronto han de andar por las calles de oro, se ensucien en lugares cenagosos; no permitas que tu corazón, que dentro de poco se llenará de cielo y rebosará de gozo, se llene de orgullo y amargura.
Aparte del mundo, Señor, me retiro,
de lucha y tumulto ansioso de huir,
de escenas horribles, do el mal victorioso
extiende sus redes y se hace servir.
Tomado del libro devocional:  C. H. Spurgeon. Lecturas Matutinas. CLIE. Septiembre 11.

No a nosotros, sino a tu nombre sea la Gloria-Lecturas Matutinas

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Dad a Jehová la gloria debida a su nombre.
Salmo 29:2
La gloria de Dios es el resultado de su naturaleza y de sus actos.  Es glorioso en su carácter, pues hay en Dios tal abundancia de todo lo que es santo, bueno y amable que tiene que ser glorioso.  Los actos que proceden de su carácter son también gloriosos; pero mientras  Él se propone con ellos manifestar a sus criaturas su bondad, su misericordia y su justicia, se propone también que la gloria que va unida a esos actos se le dé únicamente a Él.

No hay nada en nosotros en que podamos gloriarnos, porque, “¿quién hace que tú te diferencies de otros? ¿O que tienes tú que no hayas recibido?”  Tenemos que tener muchos cuidado de andar humildemente delante del Señor.  Cuando nos glorificamos a nosotros mismos, nos estamos levantando como rivales del Altísimo, puesto que en el universo hay lugar para una sola gloria.  ¿Se gloriará el insecto contra el sol que le dio vida?  ¿Se levantará el barro sobre el hombre que le dio forma en la rueda?  ¿Disputará el polvo del desierto con el torbellino?  ¿Lucharán las gotas del océano con la tempestad? Dad a Jehová, oh hijos de fuertes, dad a Jehová la gloria y la fortaleza; dadle la gloria debida a su nombre.
Sin embargo, una de las cosas más difíciles de la vida cristiana es aprender a decir esto:  “No a nosotros, no a nosotros, sino a tu nombre sea la gloria”.  Es ésta una lección que Dios nos está enseñando siempre y algunas veces nos la enseña por medio de la penosa disciplina.  Que empiece un cristiano a jactarse diciendo: “Todo lo puedo”, sin añadir “en Cristo que me fortalece”, y pronto tendrá que gemir, diciendo: “No puedo hacer nada”, y se lamentará en el polvo.  Cuando hagamos algo por el Señor y Él se complazca en aceptarlo, pongamos nuestra corona a sus pies, y exclamemos: “No yo, sino la gracia de Dios que obró en mí”.
Tomado del libro devocional: 
C. H. Spurgeon. Lecturas Matutinas. Editorial CLIE, Agosto 16.

El Problema de la motivación: Somos Perezosos-R. C. Sproul

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Es importante observar que el tema de este libro no es cómo leer la Biblia sino cómo estudiar la Biblia.  Hay mucha diferencia entre leer y estudiar.  Leer es algo que puede hacerse pausadamente, estrictamente como pasatiempo, en una forma casual y desenvuelta.  Pero el estudio sugiere labor, trabajo serio y diligente.
Por tanto, he aquí el verdadero problema de nuestra negligencia.  Fallamos en nuestro deber de estudiar la Palabra de Dios, no tanto porque sea simple y aburrida sino porque es trabajo.  Nuestro problema no es falta de inteligencia o de pasión; nuestro problema es que somos perezosos.

Karl Barth, el famoso teólogo suizo, escribió en una ocasión que todo el pecado encuentra sus raíces en tres problemas humanos básicos.  En su lista  de pecados rudimentarios incluyó los pecados de orgullo (hubris), la falta de honestidad, y la pereza.  Ninguna de estas maldades básicas queda erradicada instantáneamente por medio de la regeneración espiritual.  Como cristianos debemos luchar contra estos problemas por medio de un completo peregrinaje.  Ninguno de nosotros es inmune.  Si vamos a tratar con la disciplina del estudio de la Biblia, debemos reconocer desde el principio que vamos a necesitar de la gracia de Dios para perseverar.
El problema de la pereza ha estado con nosotros desde la maldición de la caída.  Ahora nuestro trabajo está mezclado con sudor.  Crecen con más facilidad las malas hierbas que el pasto.  Es más fácil leer el periódico que estudiar la Biblia.  La maldición del trabajo no desaparece mágicamente por el hecho de que nuestra tarea sea la de estudiar la Escritura.
Frecuentemente doy charlas a grupos sobre el tema del estudio de la Biblia.  Suelo preguntar al grupo cuántos de ellos han sido cristianos por un año o más.  Después les pregunto cuántos de ellos han leído la Biblia de cubierta a cubierta.  En cada ocasión, la abrumadora mayoría contesta negativamente. Me atrevería a decir que de aquellos que han sido cristianos por un año o más, cuando menos el ochenta por ciento nunca ha leído la Biblia entera.  ¿Cómo es posible?  Solamente una apelación a la caída radical de la raza humana podría empezar a contestar a esa pregunta.
Si usted ha leído toda la Biblia, usted forma parte de una minoría de cristianos.  Si ha estudiado la Biblia, se encuentra en una minoría aún más reducida.  ¿No es sorprendente que casi todas las personas estén listas para dar su opinión en cuanto a la Biblia, y sin embargo tan pocos la hayan estudiado?  A veces parece que las únicas personas que dedican tiempo al estudio de la Biblia son aquellas con las hachas más afiladas para hacerla pedazos.  Muchas personas la estudian con el fin de encontrar posibles escapatorias para poder esquivar el peso de su autoridad.
La ignorancia en cuanto a la Biblia  de ninguna manera se limita a los laicos.  Yo me he sentado en mesas de examen de algunas iglesias con la responsabilidad de preparar y examinar a seminaristas estudiando para su ministerio pastoral.  El grado de ignorancia bíblica demostrado por muchos de estos estudiantes causa consternación.  Los planes de estudio de los seminarios no han hecho una gran cosa por aliviar el problema.  Muchas iglesias ordenan hombres cada año que son virtualmente ignorantes acerca del contenido de la Escritura.
Quedé espantado cuando presenté un examen de conocimientos bíblicos para ser admitido al seminario teológico del cual me gradué.  Cuando acabé el examen, me sentía avergonzado de entregar mi hoja.  Había tomado varios cursos en la universidad que pensé me prepararían para este examen, pero a la hora de la verdad no estaba listo.  Dejé pregunta tras pregunta en blanco y estaba seguro de que me habían suspendido.  Cuando las calificaciones fueron anunciadas, descubrí que había obtenido una de las más altas puntuaciones en un grupo de setenta y cinco alumnos.  Aun con las calificaciones es escala, había muchos alumnos que obtuvieron menos de de diez puntos de una calificación máxima de cien.  Mi puntuación fue muy baja, pero aún así, era una de las mejores dentro de las malas.
La ignorancia acerca de la Biblia entre laicos se ha generalizado tanto que con frecuencia encontramos a pastores molestos y enojados cuando sus feligreses les piden que les enseñen algo de la Biblia.
En muchos casos el pastor vive en un temor mortal de que su ignorancia se vea expuesta por el hecho de ser presionado hacia una situación en la que se espera de él que dé un estudio bíblico.
Tomado del libro: 
 R. C. Sproul. Cómo estudiar e interpretar la Biblia. 
FLET, UNILIT, 1996. pp. 13-15.

La claridad de la Escritura-R. C. Sproul

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En el siglo XVI, los reformadores declararon su entera confianza en lo que denominaron la “perspicuidad” de la Escritura.  A lo que se referían con ese término técnico era a la claridad de las Escrituras.  Afirmaban que la Biblia era clara y lúcida.  Es lo suficientemente sencilla para que cualquier persona letrada pueda entender su mensaje básico.  Esto no significa que todas las partes de la Biblia sean igualmente claras o que no haya en ella pasajes o secciones difíciles.  Los laicos sin preparación en cuanto a las lenguas antiguas y los aspectos críticos de las exégesis pueden tener dificultad con algunas partes de la Escritura, pero el contenido esencial es lo suficientemente claro para ser entendido con facilidad.  Lutero, por ejemplo, estaba convencido de que lo que era oscuro y difícil en una parte de la Escritura, se afirmaba con mayor claridad y sencillez en otras partes de la Escritura.

Algunas partes de la Biblia son tan claras y sencillas que resultan ofensivas a aquellos que sufren de arrogancia intelectual. Hace algunos años daba yo una conferencia en cuanto a cómo la muerte de Cristo en la cruz cumplía un motivo maligno del Antiguo Testamento.  A mitad de mi conferencia un hombre de entre el público me interrumpió diciendo en alta voz:  “Eso es primitivo y obsceno”.  Le pedí que repitiera su observación para que todos los presentes tuvieran la oportunidad de oír su queja.  Cuando lo hubo repetido, le dije:  “Tiene usted toda la razón.  A mí en particular me gusta la elección de palabras, primitivo y obsceno”.


La historia entera de la redención se comunica en términos primitivos desde el episodio del encuentro de Adán y Eva con la serpiente hasta la destrucción devastadora que Dios inflige a las carrozas de Egipto en el Éxodo y hasta el craso y brutal asesinato de Jesús de Nazaret.  La Biblia revela a un Dios que oye a los gemidos de toda su gente, desde el campesino hasta el filósofo, desde el lerdo al docto más refinado.  Su mensaje es lo suficientemente sencillo como para que la más simple de sus criaturas caídas lo entienda.  ¿Qué clase de Dios revelaría su amor y redención en términos tan técnicos y conceptos tan profundos que sólo la flor y nata de un grupo de eruditos profesionales pudiera entenderlos?  Dios sí habla en términos primitivos porque se está dirigiendo a primitivos.  Al mismo tiempo, hay bastante profundidad en la Escritura como para tener a los sabios más astutos y eruditos solícitamente ocupados en sus averiguaciones por el resto de sus vidas.
Si la palabra primitivo es la apropiada para describir el contenido de la Escritura, obsceno  lo es aun más.  Todas las obscenidades del pecado están registradas con lenguaje claro y directo en la Escritura.  ¿Y qué hay más obsceno que la cruz?  He aquí la obscenidad a escala cósmica.  Sobre la cruz carga Cristo sobre sí los pecados más terribles de los hombres para poder redimir a esa humanidad inmerecedora.
Si usted ha sido uno de esos que se ha apegado  a los mitos del aburrimiento o la dificultad, probablemente se deba a que usted le ha atribuido a la totalidad de la Escritura lo que ha encontrado en algunas partes.  Puede se que algunos de los pasajes hayan sido particularmente difíciles y obscuros.  Otros pasajes le podrán haber dejado confundido y desconcertado.  Tal vez esos debieran dejárseles a los eruditos para que los desenmarañen.  Si usted encuentra difíciles y complicadas algunas porciones de la Escritura, ¿debe deducir que la totalidad de la Escritura es aburrida e insípida?
El cristianismo bíblico no es una religión esotérica.  Su contenido no se oculta tras símbolos vagos que requieran de algún tipo de “ingenio” especial para captarse.  No se requiere de ninguna especial proeza intelectual ni algún don espiritual para entender el mensaje básico de la Escritura.  En las religiones orientales, tal vez, el ingenio se limita a algún “gurú” remoto que habita en una choza en las alturas de las montañas.  Puede ser que ese “gurú” haya quedado pasmado por los dioses con algún misterio profundo del universo.  Usted viaja para indagar y él le dice en un susurro leve que el significado de la vida es el “dar palmas con una sola mano”.  Eso es esotérico.  Es tan esotérico que ni aún el “gurú” lo entiende.  No lo puede entender porque es absurdo.  Lo absurdo muchas veces suena profundo porque no somos capaces de entenderlo.  Cuando oímos cosas que no entendemos, a veces pensamos que sencillamente son demasiado profundas para captarse cuando de hecho son meras afirmaciones ininteligibles como “dar palmas con una sola mano”.  La Biblia no habla así.  La Biblia habla de Dios con patrones de lenguaje significativos.  Algunos de esos patrones podrán ser más difíciles que otros, pero no llevan la intención de ser frases disparatadas que sólo un “gurú” pueda entender.
Extracto tomado del libro: R. C. Sproul. Cómo estudiar e interpretar la Biblia. FLET, UNILIT. pp. 11-13.

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