“Qué pide el Señor de ti:  solamente hacer justicia, y amar misericordia, 
y humillarte ante tu Dios (según otra versión: caminar con Dios)”.
Miqueas 6:8
Algunos médicos insisten en la importancia de que el hombre se tome el tiempo para caminar.  El ejercicio es muy útil para la circulación de la sangre, para el corazón y aún para el estado moral. Asimismo, para tener una buena condición espiritual es necesario caminar con Dios.  Esta expresión que hallamos varias veces en la Biblia reviste una realidad espiritual simple, pero muy profunda y concreta.
Para caminar con Dios primeramente es necesario hallarlo.  Entonces él se revela a quien cree en Cristo, a quien le recibe en su vida y le obedece.  A partir de ese momento el creyente puede caminar con Dios, es decir, vivir por la fe en relación con él. 
Cuando caminamos con alguien vamos adonde nuestro compañero nos conduce.  Para andar con Dios es necesario buscar su voluntad y hacerla.  Leyendo la Biblia con mente abierta y con fe, poco a poco aprenderemos a discernir la voluntad de amor de nuestro Dios y Padre en nuestra vida cotidiana, a fin de cumplirla por el poder de su Espíritu.
Con respecto a Enoc, un hombre de fe del principio de la humanidad, nos es dicho: “Caminó Enoc con Dios” (Génesis 5:22).  Su conducta contrastaba con la de sus contemporáneos quienes, en su mayoría, vivían sin preocuparse de Dios.  Ahora sigue siendo lo mismo, pero aquel que tiene una relación viva con Dios nunca está solo.  Aun cuando los que lo rodean lo abandonen, siempre tendrá con él la más preciosa de las compañías: la de Dios.
Tomados de: La Buena Semilla. Domingo 25 de julio