Se han apartado de mí todos ellos por sus ídolos…
Así dice…el Señor: Convertíos, y volveos de vuestros ídolos. 
 Ezequiel 14:5-6
Por tanto, amados míos, huid de la idolatría.
1 Corintios 10:14
En Junio de 2006 Alemania acogió la Copa Mundial de fútbol.  En 2008 en Suiza y Austria tuvo lugar el Campeonato Europeo de Naciones.  Este deporte ha llegado a ser un acontecimiento que fascina a millones de personas; es un verdadero culto rendido a jugadores homenajeados como a dioses.  Los hinchas recorren miles de kilometros para asistir a los partidos.  Antes de empezar la competición se entonan “religiosamente” cantos patrioticos.  La asistencia se deja invadir por un entusiasmo desenfrenado y se invita a todos los telespectadores a compartir ese momento privilegiado.
Por lo menos estas manifestaciones deportivas tienen la ventaja, generalmente de ser pacíficas.  Pero si estos acontecimientos toman demasiado lugar en la vida de un creyente, éste debe tener cuidado para no dejarse arrastrar por la corriente del presente siglo.  La Escritura nos advierte:  “No haréis para vosotros ídolos” (Levítico 26:1); “guardaos de los ídolos” (1 Juan 5:21).  En nuestros días un ídolo no es solamente una estatua de madera u otro objeto inerte, sino también todo lo que en el corazón toma un lugar entre Dios y nosotros.  Los tesalonicenses habían tenido ídolos, pero al volverse a Cristo, servían al Dios vivo y verdadero y esperaban el retorno de su Hijo (1 Tesalonicenses 1:9-10).  Hagamos como ellos: reservemos el primer lugar en nuestro corazón para el Señor Jesús. ¡Él es digno de ello!
Tomado de: Editorial Buena Semilla, (Suiza).